domingo, 5 de junio de 2011

Prometeo, el campeón de la humanidad


Este mito sin duda lo conocerán muchos y narra la historia del titán, Prometeo, y de cómo ayudó al hombre en sus orígenes aportandoles el fuego y las artes.

Fruto del matrimonio del titán Jápeta y la oceánide Clímene, nacen Prometeo, Atlas, Epimeteo y Menecio considerados la segunda generación de titanes. De entre ellos, el más astuto y espabilado era Prometeo. Se cuentan dos versiones de la historia de este último, ¡yo voy a contarles la que más me gustó! 

Se trata de un periodo anterior a la creación de los seres mortales, un periodo en el que solo vivían los dioses. En el momento marcado por el destino, son estos los que, usando tierra y fuego, crean a los mortales. Una vez llevado a cabo, Zeus encomienda a Epimeteo y a Prometeo la tarea de distribuir las distintas capacidades y facultades entre estos seres. Epimeteo pide a su hermano el poder hacer la distribución primero tras la cual le prometió que podría supervisar su desarrollo. Prometeo aceptó.

Y así, Epimeteo dotó a todas las bestias y animales de ventajas que asegurarían su supervivencia. Pero en su afán por hacer un reparto justo, se olvido de los humanos los cuales quedaron desnudos y desarmados, incapaces de enfrentarse a las fieras. Fue entonces cuando llegó Prometeo para supervisar la distribución y, ante la proximidad de la "fecha de entrega” y al ver que todos los animales están armoniosamente equipados excepto el hombre, decide interceder en su favor.

Prometeo roba a Hefesto y a Atenea la sabiduría de las artes junto con el fuego, ya que sin este último no sabrían qué hacer con tal sabiduría, y se los entrega al hombre como regalo. Gracias al obsequio del titán, los humanos se convirtieron en la única especie mortal con parentesco divino y a este hecho se le atribuye las distintas cualidades que diferencian al hombre de las fieras: el reconocer a los dioses y erigir altares en su nombre, el poder hablar y cantar, el inventar todo tipo de prendas, viviendas y demás.

Sin duda fue un regalo magnífico el de nuestro amigo Prometeo, pero pueden estar seguros de que a Zeus no le hizo mucha gracia. El castigo, uno que no deseo a nadie, fue... cruel se queda corto: Prometeo fue encadenado a una roca a la cual acudía un águila cada día para comerse el hígado de nuestro campeón. En su calidad de inmortal, cada noche se regeneraba el hígado del titán y cada día sufría los picotazos del ave. El castigo hubiese sido para la eternidad pero Heracles (Hércules), uno de los hijos de Zeus, en uno de sus trabajos liberó al titán. La satisfacción de Zeus ante el honor que trajo a su hijo el liberar a Prometeo fue tal que dejó ir al defensor y protector de la humanidad.

Un final felíz… ¡para ser un mito griego!
Demos las gracias a Prometeo por su sacrificio ya que, de no ser por él, el hombre no sería lo que es hoy.

Saludos a todos,
Alex

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